Dr. Luis García Galván | Médico Psiquiatra | www.drgarcia.ar | Mayo 2025
Imaginá esto: te ponés unos auriculares de última generación y a los pocos minutos una app te dice que tu “tensión cognitiva” es 7.4 sobre 10, que tu “edad cerebral” es 12 años mayor que tu edad real, y que tu “resistencia a la ansiedad” está en zona roja. ¿Qué hacés con esa información?
Cada vez más personas llegan a la consulta con estos números. Vale la pena entender qué hay detrás antes de que te generen más angustia que la que supuestamente miden.
¿Qué mide realmente un EEG?
El electroencefalograma (EEG) es una tecnología médica real y valiosa — existe desde 1929. Un EEG médico usa entre 19 y 256 electrodos húmedos colocados con precisión por un técnico especializado, registra durante 20-40 minutos en condiciones controladas, y es interpretado por un neurólogo. Sirve para diagnosticar epilepsia, monitorear encefalopatías, y estudiar trastornos del sueño en laboratorio especializado.
Lo que el EEG no puede diagnosticar: ansiedad, estrés, depresión, TDAH, rasgos de personalidad, “tensión cognitiva”, ni ningún estado mental cotidiano. No porque la tecnología sea primitiva, sino porque no existe una señal EEG específica y reproducible para esas condiciones en un individuo particular.
Los auriculares EEG de consumo tienen 2 a 4 electrodos secos posicionados libremente. No son una versión “portátil” del EEG médico — son una tecnología fundamentalmente distinta que produce señales fundamentalmente distintas.
“Tensión cognitiva” no existe en ningún manual médico
Esto puede sorprenderte, pero es literalmente cierto: el término “tensión cognitiva” no aparece como diagnóstico ni como variable clínica en ningún manual médico reconocido — ni en el DSM-5 (diagnósticos psiquiátricos), ni en la CIE-11 (clasificación internacional de enfermedades de la OMS), ni en ninguna guía de neurología o psiquiatría de ninguna sociedad científica.
El término existe en psicología experimental para describir el esfuerzo mental durante tareas complejas en laboratorio. Pero de ahí a ser una métrica individual medible con electrodos en un auricular mientras viajás al trabajo hay una brecha enorme que ninguna empresa ha podido salvar científicamente.
Lo mismo aplica a “resistencia a la ansiedad”, “preparación cognitiva” y “edad cerebral”. Son etiquetas de marketing con apariencia científica. No tienen definición clínica, protocolo de medición validado ni valor predictivo demostrado para ninguna condición de salud individual.
Por qué tu médico no puede interpretar ese resultado
Para que un médico pueda incorporar un resultado a su evaluación, ese resultado necesita: provenir de un dispositivo aprobado por ANMAT (Argentina), FDA (EEUU) o CE (Europa) para esa inferencia específica; tener un protocolo de medición estandarizado; contar con valores de referencia validados; y tener un intervalo de confianza conocido.
Los dispositivos EEG de consumo no tienen ninguno de estos elementos para las métricas de “bienestar cognitivo”. La ANMAT ha documentado que los productos sin registro sanitario “revisten riesgo para la salud, porque los resultados podrían ser erráticos y llevar a los pacientes a tomar decisiones equivocadas”.
Los mejores algoritmos científicos de edad cerebral por EEG, en condiciones de laboratorio ideales, se equivocan en promedio casi 7 años por individuo. Tu auricular no conoce ese margen — y tampoco te lo dice.
El efecto paradójico: el dispositivo puede crear la ansiedad que mide
Investigadores de ética médica de la Universidad de Pennsylvania lo documentaron en la revista Science: si un dispositivo te indica que estás en estado de estrés — aunque esa lectura sea incorrecta — podés comenzar a sentirte estresado como respuesta a esa información. El dispositivo crea la condición que dice detectar.
Hay además un aspecto técnico irónico: cuando te ponés ansioso por lo que dice el dispositivo, tus músculos faciales se tensan — y esa tensión muscular es exactamente lo que más contamina la señal EEG. El sistema se autoconfirma en un ciclo que el dispositivo no puede distinguir de señal cerebral real.
¿Qué hago si llegué a la consulta con un resultado de wearable?
Si el dispositivo te generó preocupación y por eso consultás, la consulta es siempre bienvenida. Lo importante es entender desde el inicio que vamos a trabajar con lo que te está pasando — no con el número del auricular.
En la consulta podemos: evaluar tu estado con instrumentos clínicos validados, distinguir si hay algo que realmente amerita atención o si el dispositivo amplificó algo sin peso real, hablar sobre el impacto que el monitoreo constante tiene en tu bienestar, y si está indicado, pedir estudios con tecnología clínicamente validada.
El hecho de que un número te haya preocupado no significa que ese número sea real ni que refleje algo de tu salud. A veces el trabajo más importante es desactivar una alarma innecesaria.
¿Tenés dudas sobre algo que midió tu wearable? Podés consultarme en www.drgarcia.ar o sacar turno en calendly.com/turnos.